oct 092011
 

CARTA DEL DIRECTOR

«Voy a contar cómo fue al quemadero el inhumano que tantas vidas infelices consumió en llamas; que a unos les traspasó los hígados con un hierro candente; a otros les puso en cazuela bien mechados, y a los demás los achicharró por partes, a fuego lento, con rebuscada y metódica saña. Voy a contar cómo vino el fiero sayón a ser víctima…».

Reconozco que utilizar las primeras líneas de la novela corta de Galdós Torquemada en la hoguera para abordar la situación en la que se encuentra el ministro de Fomento y portavoz del Gobierno es cargar un poco la suerte. Sobre todo teniendo en cuenta que el propio autor ya utilizó la brocha más gorda de su propia caja de utensilios del género realista, acuciado por la urgencia de entregar su original «a la carrera y casi por compromiso» al director de La España Moderna, José Lázaro Galdiano, a tiempo para el cierre de la revista. Pero es que 150 pesetas eran 150 pesetas. Y no digamos en 1889.

El fondo del asunto al que se refiere este relato viene, sin embargo, a cuento pues no es sino la historia del alguacil alguacilado. ¿Qué más da que al ejercer durante casi una docena de años como martillo de herejes y látigo de infieles Blanco no haya recurrido al género gore de las perforaciones y la carne asada a la parrilla sino al vademécum de la oratoria sucia -«estercolero», «basura», «vomitorio»- para arrojar su tonelada de inmundicia sobre cualquier dirigente del PP en entredicho? Metáfora por metáfora, casi son preferibles las heridas imaginarias que las descalificaciones injuriosas con publicidad y alevosía.

Igualmente hay que admitir que, como él mismo dice, a Blanco mucha gente le tenía ganas no sólo por su conducta sino también por su trayectoria y ése es otro punto en común con don Francisco Torquemada, aquella «feroz hormiga», aquel «hombre frío con facha de sacristán» a quien Galdós había sacado de la miseria absoluta y el ostracismo relativo como personaje secundario de Fortunata y Jacinta para convertirlo en protagonista del medro social aupado sobre los hombros de los cambios políticos que sucedieron a La Gloriosa. No en vano viéndole mutar su «sombrero con grasa» por «una chistera de 50 reales» y la «capa deshilachada con las vueltas aceitosas» por «una muy buena con embozos colorados», para dirigirse a cobrar la renta a los inquilinos de sus 24 habitaciones de la calle de San Blas, el autor refunfuña contra «la clase media, toda necesidades y pretensiones, que crece tanto, ¡ay dolor!, que nos estamos quedando sin pueblo».

Si en la Galicia de las postrimerías del franquismo alguien hubiera augurado que aquel zagal tarambana, tirando a rogelio, de la aldea de Mosteiro en el término municipal de Palas de Rei, hijo de peón caminero y costurera, a quien apodaban Blanquito, llegaría a ministro de Fomento del Gobierno de España, sin necesidad de pasar tan siquiera por la universidad, le habrían enhebrado inmediatamente como majara endemoniado a la procesión de la Santa Compaña en su irrupción decorativa en alguna de las Comedias bárbaras de Valle. De ese triple salto mortal sin red surge el mito político de Pepiño, santo y seña del zapaterismo, heraldo y compendio de la España de las Leires y Bibianas, apoteosis de la meritocracia para los menos, paradigma de cómo la política te puede catapultar muy por encima de tu nivel de incompetencia para los más.

En los días clave de la conquista del poder, Blanco fue para Zapatero lo que Guerra había sido para González o Cascos para Aznar: el hombre de la intendencia y a la vez el ariete de las embestidas, el malo de la película, el «hijo de puta de Nixon» como se autodefinía Haldeman. Aunque, todo hay que decirlo, ejerció ese papel de forma menos abrupta que tales precursores y en su haber siempre quedará la iniciativa profiláctica de dejar de pagar los gastos de defensa de los organizadores de los GAL, al final ¿para qué está la sota de bastos sino para repartir mandobles?

Pepiño nunca le hizo ascos a esa tarea y se entregó a ella con denuedo, zurriagazo va, zurriagazo viene; pero cuando al inicio de la segunda legislatura empezó a barruntarse que aquello tendría un final y que Zapatero ni siquiera repetiría como candidato, vio muy claro que él no se retiraría junto a su mentor y que quería una oportunidad de tocar poder de verdad, es decir, un trozo de presupuesto que repartir y unas cuantas páginas del BOE a su disposición. Fue entonces, en la malhadada crisis de 2009 mientras Calamity Helen ocupaba una pequeña porción de la silla vacía de Solbes y Chaves llegaba a Madrid a preparar con Felipe la operación Alfredo, cuando Blanco logró quedarse con los treinta y pico mil millones del gran ministerio inversor.

Fue una metamorfosis equivalente a la del Torquemada de Galdós, quien a medida que medraba «se sentía, con la buena ropa, más persona que antes; hasta le salían mejores negocios -atención-, más amigos útiles y explotables; pisaba más fuerte, tosía más recio, hablaba más alto y atrevíase a levantar el gallo en la tertulia del café». De repente Blanco se había convertido en el interlocutor y confidente de todos los grandes empresarios del país, en el hombre del momento, en el salvavidas de cientos de naufragios, incluidos algunos periodísticos. «Pero la vanidad no le cegó nunca -seguimos con Galdós-. Hombre de composición homogénea, compacta y dura, no podía incurrir en la tontería de estirar el pie más del largo de la sábana. En su carácter había algo resistente a las mudanzas de formas impuestas por la época, y así como no varió nunca su manera de hablar, tampoco ciertas ideas y prácticas del oficio se modificaron».

De la noche a la mañana resultó que Blanco iba para cacique. Y no se conformaba con una ínsula cualquiera. Él tenía una hoja de ruta cuya estación término era -seguirá siendo si sobrevive a este episodio- la Presidencia de la Xunta de Galicia. Desde el mismo día en que fue nombrado ministro tuvo esa obsesión en la cabeza: él no quería retirarse, a semejanza de su jefe, a disfrutar de la felicidad conyugal «como supervisor de nubes recostado en una hamaca y mirando al cielo». Él prefería las emociones fuertes cerca del mundanal ruido. Y ser profeta en su tierra. No sólo en Palas de Rei, no sólo en Lugo, sino en toda Galicia. Quería ser el Fraga de la izquierda para regresar triunfalmente rodeado de gaiteiros: de don Manuel a don Pepiño.

Para eso necesitaba hacer amigos por delante y no dejar enemigos a sus espaldas. Todos celebramos el buen talante con que entró en el ministerio. Tras las altanerías de mercado de abastos de la bien definida como «ministra macarra» llegaba un prócer con la mano tendida tanto a las comunidades del PP -así se ganó a Esperanza Aguirre- como a los famélicos medios de comunicación cuyos dedos se hacían huéspedes tan sólo de oír hablar de un posible convenio con Renfe, con Adif o con Aena.

Y éste fue el modelo que comenzó a aplicar en Galicia, en régimen de regadío intensivo: inversiones y más inversiones, subvenciones y más subvenciones, un maná en medio de la penuria, para ir tejiendo una red clientelar a la vieja usanza pronto conocida como la «comandita de Blanco» con sus correspondientes capitanes, sargentos y costaleros. No es casualidad que un excelente periodista del lugar me confesara nada más aflorar en EL MUNDO la acusación en sede judicial de Dorribo que «toda la prensa gallega tiene síndrome de Estocolmo con el ministro por lo mucho que está haciendo por su tierra».

Blanco ha emprendido en suma el mismo tortuoso sendero del altruismo interesado y la filantropía egoísta que enfiló el usurero Torquemada cuando se le metió en la cabeza que sólo sus buenas obras salvarían la vida de su hijo enfermo. Y, como al personaje de Galdós, su problema es que se le nota demasiado que todo tiene un sentido instrumental, que tras la fachada de la misericordia late implacable el interés. Por eso la tía Roma, la vieja doméstica maltratada durante décadas, rechaza los súbitos melindres autocompasivos de Torquemada y despotrica contra su falsa conversión: «¡Véngase ahora con jipíos y farsa!… Valiente caso le van a hacer».

Al margen de ese problema no menor de credibilidad, Blanco ha tenido la complicación añadida de que para no perder el punto de apoyo interno sin el que todos sus planes se tornarían quimeras, ha tenido que simultanear el alma buena del ministro escanciador con el alma mala del vicesecretario vareador. Esta esquizofrenia política es la que hoy está pasándole factura pues sus puñaladas traperas a costa del caso Gürtel no son cosa del pasado sino, como quien dice, de ahora mismo. ¿A quién puede extrañarle que el PP esté suministrándole ya el embudo de su propio ricino?

En el plano de la responsabilidad política su situación es idéntica a la de Camps cuando él comenzó a pedir su dimisión. Dorribo es el Álvaro Pérez de Blanco y la cita de la gasolinera, de la que el portavoz del Gobierno eludió hablar el viernes una y otra vez, equivale al «amiguito del alma», las visitas al sastre y los detallitos por Navidad. Se me replicará que hay múltiples indicios de que a Camps le regalaron los trajes y que nada salvo la palabra de Dorribo acusa hoy a Blanco de cohecho. Pero es que, al margen de que 400.000 euros darían para mil trajes, desde EL MUNDO siempre planteamos que, tuviera o no consecuencias penales, la mera intimidad imprudente del presidente de la Generalitat con quien resultó ser el coordinador de una trama mafiosa le situaba en una posición políticamente insostenible. O sea, lo mismo que sucede ahora.

Cuando el propio ministro de Fomento y portavoz del Gobierno nos reconoció que había visto a Dorribo «tres veces, una de ellas en una estación de servicio» nosotros ni parpadeamos. Ah, sí, claro, en una estación de servicio. Debió de ser echando gasolina. ¡Hombre, Dorribo, tú por aquí…! Pero no, no… ¿cómo iba a bajarse el ministro del coche oficial para sacar en persona la manguera del surtidor? Es que el asunto no fue ése sino que habían quedado expresamente allí, previa intercesión del primo de Blanco, contratado por el susodicho. Claro, claro.

Bueno, tampoco tiene nada de particular… todo el mundo queda con todo el mundo en las gasolineras… sería, como ha dicho Elena Valenciano, para tratar una «cuestión privada». Paradójicamente, esta versión de la portavoz del PSOE es la que más se aproxima a la de Dorribo cuando asegura que el ministro le dijo: «Si tú te portas bien conmigo, yo me portaré bien contigo». Pero es que resulta que Blanco ha admitido ya que de lo que hablaron fue de subvenciones públicas. En el interior del coche oficial, con un vehículo de la Guardia Civil delante y el de los escoltas detrás. Desde que Felipe II resolvía con sus secretarios los asuntos del Estado convirtiendo los lomos de las mulas de su séquito en improvisadas mesas de despacho nunca habíamos visto actuar de forma tan expeditiva a un gobierno itinerante.

Habrá que esperar al levantamiento del secreto del sumario y a la previsible remisión de las actuaciones al Tribunal Supremo para empezar a atisbar si la de Guitiriz era una simple gasolinera o toda un área de servicios en el más plural sentido del término. Pero entre tanto ya le hemos visto los costurones al vestido de ceremonia del diligente y aplicado ministro de Fomento, tan devoto de su tierra. Por eso lo que escuchamos mientras cae la cortina del primer acto es la voz rezongona y castiza de la tía Roma, galdosiana por antonomasia: «Usted quiere ahora poner un puño en el cielo. ¡Ay señor, a cada paje su ropaje! A usted le sienta eso como a las burras las arracadas… Si se pone bueno el niño, volverá a ser usted más malo que Holofernes».

pedroj.ramirez@elmundo.es

nov 252009
 

Hoy publica el diario El Mundo una información que describe como tres agentes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) entregaron un millón de dólares a un falso alto cargo del Ministerio de Defensa de Somalia, con la intención de comprar la libertad de los tres tripulantes del ‘Alakrana’ que supuestamente habían sido trasladados a tierra por los piratas, cuando el atunero permanecía en manos de los secuestradores. Vea la portada de El Mundo

La noticia recogida por Libertad Digital:

La información de Antonio Rubio apunta que los agentes del CNI se reunieron con un hombre que supuestamente era el ministro de Defensa de Somalia para negociar la liberación de los tres marineros del Alakrana que habían sido trasladados a tierra para presionar a España a pagar el dinero exigido. Tras el correspondiente pago, los agentes esperaron en vano durante horas y días la entrega del vasco y los dos gallegos ya que los tres nunca habían bajado del pesquero.

Según los datos, los agentes entraron a Somalia a través de Djibuti tras hacerse pasar por antropólogos y se reunieron –gracias a los servicios secretos franceses– con el falso representante del Gobierno de Mogadiscio en un pueblo llamado Hobyo, una localidad muy cercana a Haradhere, base de los piratas somalíes en la región. Con él negociaron la libertad de los tres marineros que supuestamente habían sido trasladados a tierra para presionar al Gobierno español. De hecho, aquel 5 de noviembre la ministra Carmen Chacón compareció para informar de que sabían exactamente dónde estaban los tres marineros y que estaban bien. Sin embargo, éstos nunca salieron del atunero.

Así, los agentes del CNI aceptaron pagar un millón de dólares–tomados de los fondos reservados– por el rescate de los dos marineros gallegos y del vasco. El falso dirigente somalí tomó el dinero y los españoles esperaron durantes horas y días la entrega de los tres marineros, un rescate que al final nunca llegó. El Mundo cuenta que aunque en un primer momento el CNI pidió a los agentes un informe detallado de los hechos, finalmente dio marcha atrás para que no constara en ningún documento la estafa sufrida.

Compártelo



Bookmark and Share

jul 152009
 

EL MUNDO.-Pg.5.-La tronera de Antonio Gala (Domingo 2 de marzo)
Revista incompleta

Oír a Rajoy, registrador de la propiedad, acariciando con su voz a currantes, amas de casa, hombres de la calle y su niña, al tiempo que pregunta qué es el bono-bus, estremece. Oír a Arias Cañete añorar los camareros finos contra los inmigrantes, eriza el vello. Ver navegar sin rumbo a Pizarro parvenu cargado de sacos de euros, sobrecoge. Contemplar a un tal Alcaraz, victimario, de la mano de Rouco, iridiscente, y Kiko Arguello, pintor(?),abre el alma en canal. Saber al transportista Lamela, impune de momento por su inmunda torpeza, clama al cielo. Saber que Zaplana y Acebes sí que han sido paliados en el trastero, tranquiliza. Calibrar la numerosa segunda fila del PP, admira por su inútil abnegación. Imaginar sus nuevas generaciones da ganas de llorar. En cambio ver al suegro de Agag da solo risa.

(A este articulo publicado el domingo contesto con una carta que he enviado al diario El Mundo, a La Razón y al Diario ABC por si tienen a bien publicarla.)


From: Porfirio Laguna
Subject: Carta a Antonio Gala

Mire Sr. Gala, su revista incompleta del pasado domingo sí que estremece, sobrecoge, abre el alma en canal, clama al cielo; tanta falsedad y falacia denotan al servicio de quien está. En su frase …añorar camareros finos, eriza el vello. ¿Todavía Sr. Gala se le eriza el vello recordando aquel camarero del club de oficiales del Regimiento Lepanto de Córdoba a quien quiso en sus prácticas de alférez de milicia violar? Aquel honrado soldado lo denunció y tras un tribunal de honor fue ÚSTÉD expulsado del EJERCITO QUE DESPUES HA ODIADO TANTO…Casi termina su libelo contra el Partido Popular, contra doce millones de españoles, diciendo que ‘imaginar sus nuevas generaciones da ganas de llorar…’.Pues llore Sr. Gala, llore copiosamente porque estas nuevas generaciones, como aquel honrado soldado tampoco aceptarán sus propuestas…Me ha decepcionado por su tremendo extremismo. Siga con los bastones…Y si ve pasar a su vera al Sr. Rajoy, estremézcase de alegría y agradézcale todo lo que está haciendo por España incluido su pueblo natal Sr. Gala, el pueblo de Brazatortas (Ciudad Real, esto lo aclaro para los del bachillerato moderno) pueblo en el que no tiene Vd. cabida y cuente qué pasó cuando quisieron ponerle una placa en su casa natal. Un saludo y no hay que destilar tanto odio.

ago 192008
 

El Ministerio de Defensa dirigido por Carmen Chacón utiliza a inmigrantes sin contrato ni seguro en las bases militares que España tiene en Afganistán. Según informa el diario El Mundo, los empleados, en su gran mayoría filipinos y uzbecos, realizaban jornadas laborales de más diez horas por sueldos que oscilan entre los 400 y los 670 euros. Desde el Ministerio se justifican asegurando que “la responsabilidad de los trabajadores es de la propia empresa, y el Ejercito de Tierra pone límites por motivos de seguridad”.

(Libertad Digital) Dos empresas contratadas por el Ministerio de Defensa utilizaban a inmigrantes, en muchas ocasiones sin contrato de trabajo, para servir en los comedores de los militares destinados en Afganistán. Entre ellos había uzbecos, rumanos y muchos filipinos. Éstos a pesar de trabajar en una zona de riesgo no disponían de seguro y realizaban jornadas laborales de más diez horas con un salario que oscilaba entre los 400 y 670 euros mensuales.
Sin embargo, desde el Ministerio se justifican diciendo que “la responsabilidad de los trabajadores es de la propia empresa, y el Ejercito de Tierra pone límites por motivos de seguridad”. Además, el Ejercito dijo además que buscan que se cumpla la ley y la legislación vigente.
En este sentido, Tecnoucal, empresa contratante de estos inmigrantes, asegura que no han realizado irregularidades ya que se ajustan a las legislaciones de los países de origen de estos trabajadores.
La situación ha ido cambiando gracias a las presiones de la unidad cívico-militar del contingente español destinado en Afganistán. Cuando se enteraron de la situación en la que se encontraban los inmigrantes contratados exigieron a la empresa a que regularizase esta situación. Fue a partir de junio cuando los trabajadores comenzaron poco a poco a tener contratos y seguro.

¡Enviar a Cuéntalo!

jun 062008
 

El escándalo urbanístico de “Son Oms” en Baleares, por el que está imputado la dirección de Unión Mallorquina, parece inagotable. El Mundo publica este viernes que el actual portavoz parlamentario de UM otorgó contratos públicos a su testaferro después de que recalificara desde su condición privilegiada de consejero de Territorio los solares del polígono industrial.

* Delgado pide la disolución del comité del congreso del PP de Baleares por “continuas irregularidades”
* Unió Mallorquina cobró un 15% de comisión por recalificar el mayor polígono de Baleares

(Libertad Digital) El actual portavoz de Unión Mallorquina y ex consejero Territorial adjudicó estos contratos a su propia testaferro, Elisabet Diéguez, en 2004, poco después de que los terrenos del polígono industrial de “Son Oms” fueran recalificados y pasaran de ser suelo rural a suelo edificable.

La empresa beneficiaria administrada por Elisabet Diéguez – “amiga” confesa de Bartolomeu Vicens- y participada por el entonces consejero de Territorio cobraba comisiones de un 15% por la revalorización de los solares.

El director de El Mundo Baleares, Agustín Pery, en una entrevista en La Mañana de la Cope, ha explicado cómo la cúpula de Unión Mallorquina se ofreció para mediar en la recalificación de estos terrenos cercanos al aeropuerto de San Joan.

Una vez que UM accede al poder, su dirigente Maria Antonia Munar se ocupa de los terrenos al grito: “Esto es mío”. Tras la revalorización del suelo, el entonces consejero y hoy imputado exigía el pago de comisiones. Agustín Pery ha asegurado que el pelotazo urbanístico alcanzaría los 57 millones de euros.

“Una vez que consiguieron el 15% de los solares, castigaron en la Junta de compensación aquellos propietarios que no quisieron ceder, relegándoles a las zonas con más servidumbres aéreas y que por tanto el valor de sus terrenos se depreciaba”, comentó el director de El Mundo en Baleares.

Eso motivó la denuncia de uno de los promotores del polígono de “Son Oms” y de ahí El Mundo fue tirando del hilo hasta destapar el escándalo.

La información publicada este viernes por el diario y que está firmada por Eduardo Colom y Esteban Urrieztieta se suma a la publicada por los mismos periodistas el jueves en la que se cifraba en 1.7 millones de euros, el monto que se habría embolsado la testaferro del dirigente de Unión Mallorquina. El dinero procedía directamente de las arcas públicas del Consejo, cuando éste estaba presidido por Maria Antonia Munar.

Las bonificaciones se realizaban de modo fraccionado en pagos de 46.000 euros y por medio de la empresa: Studio Media Comunicació. Hasta ingresar más de 350.000 euros anuales.

Denunciado por la Fiscalía

El pasado sábado, la Fiscalía denunció a Bartomeu Vicens, el histórico dirigente Maximiliano Morales –padre político de Maria Antonia Munar- y el abogado urbanista Jaime Montis por la presunta comisión de cohecho, blanqueo de capitales, falsedad documental, delito contra la Hacienda Pública, estafa y tráfico de influencias.

Pery denunciaba que ese mismo sábado “Maria Antonia Munar le impuso una medalla en el Parlament a Morales por sus valores democráticos, que también se la impuso a ella misma”. Encima -continuaba- la líder de Unión Mallorquina ha aprobado un decreto por el que determina que el trato es de “muy honorable” y no sólo honorable.

“Unión Mallorquina ha sacado siempre una gran rentabilidad a su escasa presencia en la calle. Es el top manta de la política”, denuncia el director de El Mundo en Baleares.

También ha lamentado que UM haya actuado “con absoluta impunidad porque la justicia no ha actuado como debiera”. “Hasta la propia mujer de Bartomeu Vicens que su profesión es ama de casa facturó al despacho de abogados que han utilizado como empresa pantalla (para cobrar las comisiones) hasta 600.000 euros por trabajos de asesoría. Un ama de casa asesorando a un despacho de abogados especializado en urbanismo”, subrayaba.

Pery ha terminado la entrevista recordando que UM “existe gracias al Partido Popular y el Partido Socialista”.

Libertad Digital

¡Enviar a Cuéntalo!

oct 302007
 
Escrito por José Aureliano Martín

lunes, 29 de octubre de 2007

España sigue estando a la cabeza de Europa en las cifras de siniestralidad laboral. Sólo en el año 2006 se produjo la escalofriante cifra de 699 muertes por accidentes laborales, es decir, casi tres muertes por cada día de trabajo. Y aunque esta cantidad era ligeramente inferior a la del año anterior, sin embargo las lesiones leves aumentaron en un 3,1%. Pero, a pesar de esta terrible realidad, no falta quien sigue creyendo que la culpa de los accidentes la tienen los propios trabajadores. Así lo piensan la mayoría de empresarios. También una importante cantidad de Jueces. Y, cómo no, algunos sindicalistas de salón.

Hace pocas semanas apareció una noticia en el diario El Mundo, en la que se informaba de un estudio efectuado por la Unión General de Trabajadores, en el que se había detectado que un porcentaje elevado de trabajadores de la construcción habían admitido que en algunas ocasiones acudían drogados al centro de trabajo. Y aunque a continuación se intentaba explicar el fenómeno, para no criminalizar al resto de trabajadores, sin embargo lo que se resaltó fue que, por primera vez, un sindicato admitía que los trabajadores también tenían culpa en las cifras de siniestralidad laboral. Claro, la noticia es que un niño muerda a un perro, no al revés.

En las jornadas jurídicas sobre seguridad en el trabajo, celebradas la semana pasada en la Universidad de Castilla La Mancha en Albacete, se ha debatido ampliamente el tema de la siniestralidad laboral. La mayoría de conferenciantes coincidían en que las condiciones de trabajo influyen de forma importante en la misma. Por ejemplo, las agotadoras jornadas de trabajo en sectores como el del transporte o el sanitario, las condiciones especialmente penosas del trabajo de los inmigrantes irregulares, o la falta de regulación en materia de prevención en la nueva Ley de los trabajadores autónomos, especialmente en el caso en el que no desarrollen su actividad en el seno de una sola empresa. Estudios recientes fijan como causas estructurales de la siniestralidad laboral la precariedad en la contratación, la temporalidad, o la falta de formación. Causas todas ellas no imputables al trabajador.

Pero el problema también está en otro tipo de siniestralidad, que no se ve, ni se contabiliza, pero que está causando verdaderos estragos. Me refiero al acoso psicológico en el trabajo. Especialmente interesante fue el comentado caso de la trabajadora interina del Servicio Madrileño de Salud, que tras denunciar por malversación de fondos a su jefe, fue reclamada por éste para que la volvieran a trasladar al Departamento, una vez aclarada la cuestión. Evidentemente, todo indicaba que se trataba de una especie mobbing anunciado. La trabajadora tuvo que demandar judicialmente a su empresa por el riesgo que podía suponer para su salud psíquica este traslado. El Tribunal Superior correspondiente no valoró el daño constatado en la salud y entendió que el mismo era una sensación subjetiva o mero temor de la trabajadora.

Asuntos de este tipo, que en otros ámbitos, como en el de la violencia de género, generan todo tipo de actuaciones preventivas, en el mundo laboral carecen de protección, incluso cuando el daño se ha producido, ante la dificultad de probar el nexo causal del mismo. Afortunadamente, el Tribunal Constitucional, en una reciente Sentencia de julio pasado ha dado la razón a la demandante, al entender que se ha lesionado su DERECHO FUNDAMENTAL A LA INTEGRIDAD FÍSICA Y MORAL, ya que, entienden, y esto es lo realmente importante y novedoso, que “para que pueda apreciarse vulneración del derecho fundamental no es preciso que la lesión se haya consumado, basta con que exista un riesgo relevante de que la lesión pueda llegar a producirse”.

Estas situaciones ocurren a diario en multitud de empresas. También en Ceuta. En muchos casos, desgraciadamente, a los trabajadores no les queda otra opción que sufrirlas en silencio, o abandonar el puesto de trabajo. En esta ocasión el Tribunal Constitucional ha sido sensible con el problema. Esperemos que esto sirva para abordar definitivamente la regulación legal de una situación, como es el acoso moral en el trabajo, que cada vez se extiende más, y que también puede matar, aunque lo haga de una forma más lenta y silenciosa.

ceutaaldia.com