Han pasado trece años desde el día en que por curiosidad conocí la “PLANTA SANTA” recuerdo que para esa época la conocí en el colegio, tenia 16 años me describo para esa época como un joven rebelde y arriesgado. Todo comenzó en un receso de clases mis amigos y yo reíamos si parar viendo a la profesora de español, hacer un de esos escándalos a los que nos tenia acostumbrados, el tema lo propuso Jair un amigo del cual perdí el rastro a finales del 2008, y quien infortunadamente tomo decisiones equivocadas; una vida de ladronzuelo de barrio, varias entradas a las cárcel modelo y un prontuario de delitos menores, la planta la trajo el una caja de fósforos con la mercancía prohibida la cual nos dispusimos probar varios días después.
Me encontré en un retirado potrero del barrio villa cristina con mis “amigos” Jair, franklin y Edwin, con una técnica poco apropiada Jair el más experimentado del grupo prepara el cigarrillo prohibido, que rápidamente se va extinguiendo al paso de cada uno de nosotros, mientras que una nueve humo se forma y se eleva de manera sublime, un olor tan fuerte que no se puede describir pero tampoco confundir, ahora ha llegado mi turno la ansiedad es grande, una bocanada de humo que baja por la garganta una tos casi incontrolable hemos acabado y hemos probado la “PLANTA SANTA”. Los efectos; los mismo que h a experimentado cualquier persona que la haya probado. Ojos rojos y pequeños, un sabor seco en la garganta, una risa incontrolable, y un zumbido extraño acompañado de algo de alucinaciones, parece como lo he pensado siempre que tengo súper sentidos, ha caído la tarde y cada uno debe volver a su hogar, llego a casa y por alguna razón siento que un hambre terrible la cual saciare con una enorme hoyada de arroz, ese arroz blanco y delicioso que prepara mama, como si hubiera esta realizando alguna actividad física caigo rendido y quedo inmerso en un sueño profundo.